miércoles, 8 de febrero de 2012

¿Para que estoy viva?

Es así… muchas veces nos preguntamos para que vivimos, cual es el sentido de estar aquí, cual es nuestro propósito.

Buscamos en el dinero la fortuna de nuestro sentir y al encontrarlo sentimos la sensación de haber buscado en el camino equivocado.

Buscamos en la aprobación de los demás el rumbo de lo correcto y terminamos sintiendo que vivimos la vida de alguien distinto a nosotros y con el paso del tiempo vamos ahogándonos en la idea de que nos queda poco tiempo para encontrar la respuesta a nuestras preguntas. Nunca tenemos la certeza de que tiempo realmente nos queda para encontrar el camino correcto.
Pero lo más interesante, es que el sentido de nuestra vida lo encontramos regularmente, por primera vez, cuando sufrimos un gran estremecimiento emocional.
Pensando en eso empecé a hacer el ejercicio que una vez recomendara Robin Sharma en una charla a la que asistí.

Si hoy fuera el ultimo dia de mi vida, ¿estaría haciendo lo que hago?
Si hoy imaginara mi funeral y me visualizara como uno de los que lamentan mi partida. ¿Por qué desearía que me recordaran las personas que están? ¿Qué me hubiera gustado haber logrado? ¿Haber experimentado?

Realizo este ejercicio varias veces por año y nunca pensé en nada distinto al amor (aunque se lea cursi)… en los detalles aparentemente “tontos” de la vida: en mis hijos, en mis sobrinos que inundan mi vida de felicidad cuando los veo, en los hermosos momentos que pasé con mi pareja, en las veces que serví a alguien o ayudé a quien lo necesitaba. Nada de lo que pienso es monetario. No pienso en carros, casas, propiedades o ropas.
Reflexiona, deja tu lucha interior y pregúntate: Si hoy fuera el ultimo dia de mi vida… ¿Qué estuviera haciendo? ¿Con quien lo estuviera compartiendo?

lunes, 31 de octubre de 2011

Si fuera invisible….

A veces en la vida sentimos la necesidad de hacernos invisibles. De entrar en esos lugares donde se nos imposibilita, de abrazar a alguien a quien no esta permitido, de dormir al lado de un amor escondido, de disfrutar de las cosas que la vergüenza no nos permite, de hablar o influenciar a alguien sin que perciba que estamos ahí.
Ayer enfrascada en una discusión etérea y absurda sobre un tema circular y sin salida como la política puse sobre la mesa esa opción a algunos que hablan de “la sociedad” como si no fueran parte de ella. Que solo se quejan y no hacen nada para ver el cambio que tan escandalosamente piden.

Asombroso es ver las grandes ideas que surjen solamente con lavarnos la cara de una pócima transparente y yo me pregunto… es vergüenza? Es apatía? Es comodidad? Es cultural?
Por que el accionar según lo que entendemos correcto nos cuesta tanto? Por que no encaminar nuestras quejas a acciones que generen un cambio aunque sea en nuestro entorno cercano.

Si hacemos de esto una determinación encontraremos que la mayoría de los problemas que nos aquejan somos capaces de solucionarlos sin depender de los gobiernos y en eso me viene a la memoria el libro “The Power of Half” (El Poder de la mitad) en el cual relata la historia de Hannah Salwen una niña de 14 años que logró convencer a sus padres de vender su casa de US$2 Millones para donar la mitad de ese dinero para la construcción de viviendas y eliminación del hambre en comunidades empobrecidas de Ghana.

Lo que Hanna hizo no es diferente a lo que podemos hacer cada uno de nosotros involucrándonos en la política, o en organización de presión civil o hacer algo que cambie la vida de quienes tenemos cerca o simplemente hacer bien lo que criticamos que otros no hacen bien.